Más allá del Rio GrandeLunes, 30 de Junio de 2008
Otro robo
La semana pasada, nuestros cuatro amigos: Mekel, don Chivetes, Gerardo y el profe Luis, continuaban su camino para cruzar por la frontera entre México y Estados Unidos. Ya hace varios días que salieron de su tierra, en Guatemala, en busca de una mejor oportunidad más allá del Río Grande, esa enorme serpiente de agua que separa la pobreza de la riqueza.Ya han pasado por muchas penas: un coyote los engañó; vieron morir a uno de sus amigos en el Río Suchiate; debieron aguantar calor y sed en un camión; en donde murió un niño; tuvieron que trabajar con unos narcos y sobrevivir al hundimiento de un barco. Ahora, cada uno con mil dólares en la bolsa, emprendieron el camino en bus desde Veracruz, México, hasta la capital.
Sin embargo, poco antes de llegar a Puebla, se encontraron con un operativo que realizaba la policía mexicana.
- No me oyes, güey? Te estoy diciendo que me enseñes tus papeles -dijo uno de los policías a Mekel. Ya habían revisado a Gerardo, al profe Luis y a don Chivetes, y éstos, como no pudieron enseñar sus papeles, los estaban subiendo a un camioncito de la policía.
- ¿Qué te pasa? ¿Acaso no hablas español? Si se te echa de ver que eres puro guatemalteco ? insistió el policía.
- Sí, sí hablo español, pero es que no tengo papeles ?respondió Mekel ante la insistencia.
- Y eso te costaba decir, güey. Si eso ya lo sabíamos. Pos, bájate, ¿no? ?le dijo jaloneándole de la camisa.
Al bajar, observó que a sus amigos ya los tenían bien amarrados y dentro del camión. A Mekel lo registraron, pero no le encontraron nada. Así que también lo amarraron y lo metieron al camión. El autobús continuó su marcha con el resto de viajeros.
- Ahora sí se los llevó la chingada, pinches chapines. Van a ver por qué no deben tratar de pasarse de mojados ?les dijo un policía algo viejo, que iba a conducir el camión.
Mudos, sin ganas de hablar, y casi sin aliento por el susto, los cuatro guatemaltecos no sabían qué les iba a pasar. Por una media hora, el camión continuó por la carretera asfaltada, pero en un cruce, dio vuelta y se metió por un camino de terracería.
Mekel pensó que tal vez los llevarían a una estación de policías y que los meterían presos. En ese instante, pensó en su esposa Ana y en su papá don Miguelón, que hicieron un gran esfuerzo económico para que Mekel se fuera para el Norte. También se recordó de sus cuatro hijos varones, y en el hijo que venía en camino en el vientre de su esposa.
Su familia, así como las familias de todos los migrantes, desean que cuando emprenden el camino, lo pasen sin muchos problemas. Pero el paso por México es duro, y llegar al Río Grande no es garantía, porque este enorme río ha consumido la vida de millones de personas que salieron un día de su aldea pensando en mejorar su vida.
Mientras Mekel pensaba, el camión se paró en medio de la nada. Los cuatro amigos se miraron desconcertados, porque no observaban alrededor ninguna estación de la Policía. De repente se abrió la puerta trasera del camión, y un policía señaló al profe Luis y le dijo:
- Órale, tú; no te hagas el güey, danos ese manojo de dólares que te vimos que tenías en la estación de Puebla ?le dijo.
La semana pasada, habíamos visto cómo el profe Luis había comprado los boletos del autobús, pero sin sospechar nada sacó el manojo de billetes de cien dólares. El profe Luis sacó el dinero asustado y se lo dio al policía.
- Pinches migrantes, dicen que no tienen lana, pero aquí se vienen a gastar todo en puro coyote. Órale, pues, bájense... y cuidadito dicen algo, porque les puede ir peor ?dijo el policía.
Los cuatro guatemaltecos se bajaron del bus. En total, vieron a unos cinco policías que contaban el dinero. Por suerte, no sabían que los otros también tenían dólares. Pero la situación estaba difícil, porque no sabían dónde estaban.
Y, por si fuera poco, los policías les dieron un golpe en la cabeza a cada uno de los migrantes, que los dejó tirados en el suelo.
- Los perros y los buitres van a hacer el resto... Vámonos, muchachos ?dijo el piloto del camión, y se fueron dejando inconscientes a los guatemaltecos.
PREGUNTA
¿Qué pasará con nuestros amigos? ¿Podrán recuperarse antes de que lleguen animales salvajes a devorarlos? ¿Sabrán encaminarse de nuevo en su ruta para cruzar hacia Estados Unidos? No se pierda la continuación de esta historia, la próxima semana, cuando sigan el camino para cruzar "Más allá del Río Grande".